Antes
de que Colón descubriera América, la
existencia de un nuevo mundo cruzando el Atlántico, en la forma de
un continente occidental, se
consideraba el sueño de un loco. Lo mismo ocurre,
en nuestra época, con la existencia de un mundo nuevo, un mundo subterráneo, en el interior
hueco de la tierra; una tierra tan desconocida para la humanidad actual como el
continente americano para los europeos antes del descubrimiento
de Colón. Por lo tanto, no hay ninguna razón para que no pueda también ser
descubierto
y que se establezca su existencia como un hecho.